EL PALO SE VEÍA VENIR

Tiziano Tizona
Ya sabía yo la que se le venía al profesor universitario que tuvo la osadía de relatar su experiencia y señalar algunos de los males de los que adolece la educación actual en un artículo que se volvió viral y del que dimos cuenta hace unos días.
No ha tardado la horda de defensores de la nueva situación en hincarle el canino por todos los medios de que disponen (que son muchos: el Imperio está con ellos). Ataques, normalmente, no a su argumentario sino a situaciones imaginarias relacionadas con su praxis (la cual desconozco yo y la inmensa mayoría de los que lo han criticado): que si se trata de proyectar PowerPoints del año de la pera, que si los apuntes del Pleistoceno, que si repetir como un loco una clase “magistral» (dense una vuelta por las redes y los artículos educativos, es fácil de comprobar). Por el otro flanco del ataque a este señor van los clásicos mantras, que por cierto, tienen más años que Cascorro, de: el mundo es cambiante, hay que adaptarse a una nueva forma de aprender (a ver si nos dicen cuál es y miden su efectividad), que el siglo XXI patatín y que el cerebro evoluciona con la rapidez y la plasticidad que a ellos les sale del bolo, da igual que lo haya hecho a otro ritmo a lo largo de los milenios hasta ahora. Además, queda la coletilla de siempre, no puede faltar, de que los profesores no saben motivar (solo lo saben hacer ellos, los que entran en el aula, que no son muchos. El resto no estamos interesados en esas cosas, ni le ponemos empeño día a día, clase a clase… o no tenemos ni la formación ni la vocación para esta nueva pifia-estafa de la que son abanderados). Con lo cual, lo más digno que debiéramos hacer los críticos es cambiar de oficio, jubilarse el que pueda… o pasar de una maldita vez por el aro.
Supongo, lo ignoro en realidad, que este tipo de críticas se las ha pasado por el refajo el no citado profesor. Pero intuyo que el alud mediático de respuesta a su artículo va más por el aviso a navegantes del escarnio que le puede caer a todo aquel que se salga del rebaño y del relato establecido. «El que se mueva no sale el la foto» (que decía don Alfonso Guerra).

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