DÉFICIT DE VERGÜENZA

Tiziano Tizona
Sigue la polémica con las clases particulares. Los gobiernos van a mirar hacia otro lado mientras la ciudadanía siga rascándose el bolsillo por su cuenta aborregadamente convencida de que es un problema puntual de sus hijos en vez de uno general del sistema. Los maestros estamos hasta las narices de pedir bajada de ratios para atender mejor a los alumnos. Muchos señalamos que las bajadas de nivel y los aprobados “mentirosos”, disfrazados de informes eufemísticos, no hacen avanzar el conocimiento sino que lo destrozan. Que es mejor gastarse la pasta en profesores y en especialistas que en aparatos. Que el respeto por parte de los alumnos a mantener unas condiciones de aprendizaje óptimas respecto a sus compañeros no es negociable. Que para ser “competente” en algo, primero hay que saber…y que el saber exige esfuerzo. Que hay demasiado folclore, tiktok, YouTube, Instagram y Facebook en los centros y muy poco silencio, reflexión y concentración. Que no se trata de enseñar menos sino más; que el que sabe (se supone que el maestro) es el debe orquestar y evaluar (sí, sin trampas) los conocimientos de los alumnos. Que necesitamos espacios y profesionales para diversificar. Todo esto algunos lo llevamos pidiendo lustros, y por ello hemos de soportar la infamia de que se nos clasifique como reaccionarios, fachas, rojipardos, decimonónicos, nostálgicos, antipedagogistas, apóstoles del palmetazo en la mano y fanáticos de los reyes godos.
Mientras tanto, en el diario “El País”, una madre declara: “ Ha habido meses en que he pagado hasta 300 euros, pero es el dinero mejor invertido…Si no hay otra pantalones, bueno, lo más importante es su educación”.
En este país hay un déficit gigantesco de vergüenza.

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