LA ESCUELA OPIÁCEA
Tiziano Tizona
El Ministerio de la Cosa ha convocado los “I Premios de Bienestar Emocional en el Ámbito Educativo» (aplaude el público puesto en pie, agitando las banderas). Que sí, que nadie en su sano juicio puede estar en contra de que la gente tenga la chaveta feliz y saltarina, que os veo venir, canallas. Creo que el tema a debatir no es tanto el qué sino el cómo y, sobretodo, el cuándo y el cuánto. Lo primero que habría que precisar es que cada uno bienestarea emocionalmente como le rota, por lo tanto, hablamos de una misión “quasi imposibol” más allá del postureo y de la fotito con pompones. Lo segundo, y esto sale de mis atrofiadas neuronas, no busquen otros responsables a la hora de armar la ballesta, es que la escuela debiera procurar armas “culturales” para fortalecer las molleras de los infantes y no convertirse en un fumadero de opio nepalí con informes a final de trimestre. El bienestar tiene que ver mucho con superar dificultades, con ver el fruto del esfuerzo que has sembrado, de manejar las frustraciones, de ver y de entender lo que ves, de disfrute y de manejarse en el mayor número de situaciones distintas…y amigos, nos viene que ni pintado el conocimiento profundo (hablo de ciencia, de filosofía, de pintura, de historia, de biología, de geología, de matemática, de economía…); ese que va más allá de “saber hacer cosas» y de oler nubes por grupos bailando cogidos de la mano alrededor de un tótem con forma de unicornio. Simplemente porque eso es lo que mejor sabemos hacer. Porque da la impresión que los que tuvimos la suerte (eso pienso en mi caso) de recibir una formación académica y basada en contenidos seamos una banda de maníacos depresivos con querencia al suicidio y a la autodestrucción, todo porque no hemos abrazado a una maceta en el cole y nos hicieron aprender las tablas y los ríos de Europa. Y no es así, somos moderadamente felices y transitamos competentemente por este valle de lágrimas. Veremos las próximas generaciones cómo se las apañan lidiando con la vida. Les deseo la mayor de las suertes, de corazón. No olvidemos que seremos corresponsables (gracias, Sergio) de ello.
