¿REPETIMOS?

Tiziano Tizona
El claustro virtual, en su modalidad cíclica, vuelve a poner en la palestra el tema de la validez de las repeticiones de curso. Volvemos tirios y troyanos a encararnos unos con otros porque, en realidad, nos gusta, no nos engañemos. Opino que tomar la repetición como causa y no como consecuencia es el primer error de libro. No soluciona nada prohibirla, o enmascararla, más allá que la consecución de una estadística molona. Pero eso es lo mismo que ponerle una tirita a una hernia. Cuando un equipo docente propone una repetición, refleja un curso desastroso por parte del alumno en cuestión. Hay que analizar las causas (que pueden ir desde la desgana a las dificultades personales o de aprendizaje) y hacer énfasis en ellas. He visto a muchos niños salir adelante gracias a una repetición y he visto otros cuya efectividad ha sido nula. Curiosamente, aquellos a los cuales la repetición no les ha servido, tampoco les sirvió el pasar de curso con un rosario de asignaturas pendientes; eso deberíamos también tenerlo en cuenta. Muchas veces pasamos a un niño por evitarle un trauma y lo que hacemos es doblarle el trabajo con lo que el pozo se hace cada vez más profundo (apoyo y adaptaciones aparte) y el alumno se nos pierde definitivamente. La extinción de las evaluaciones de recuperación y de las oportunidades de recuperación de asignaturas tampoco es que jueguen mucho en favor del alumnado por mucho que las disfracen de “integradoras”. No podemos dirigir la acción educativa en base a las estadísticas, ni cimentar las acciones de mejora en mentiras y falacias. Porque siempre quedarán las causas haciendo mella si no se tratan de manera seria, meticulosa y contundente.

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