DIVERSIDAD POR EL FORRO

Tiziano Tizona
Ya era mosqueante algunas de las rúbricas que pretendían medir eso que se llama la “actitud» dentro del contexto de las asignaturas con su importante tanto por ciento respecto a la nota del polluelo escolar. Un alumno introvertido, calmado, tranquilo, reflexivo y respetuoso perdía opciones de excelencia frente al extrovertido, simpático y, quizás, un poco acaparador. No digo que estas segundas cualidades sean malas, digo que sancionar las primeras es meter un tiro en la barriga (que es lo que más duele) al tema de la tan cacareada diversidad. Todo el mundo tiene derecho a ser como crea conveniente, siempre que eso no suponga un perjuicio para él o para los demás. Si a un niño le da apuro salir en un festival vestido de lagarterana para bailar el Aserejé… carajo, respétenmelo. Digo esto porque corre por una página docente que un niño es feliz si es ruidoso, quiere llamar la atención, habla en tono alto, no está sentado durante mucho tiempo…y cosas así. Mira que hay chorradas corriendo por las redes, pero lo de medir la felicidad de un alumno por el tiempo que pasa su trasero en la silla o si se desgañita al contestar se lleva la palma. Lo malo es que hay gente que sufre porque no les dejan ser como son y como quieren ser. Puede que esa conversión de la escuela de los conocimientos a la escuela de las actitudes y las emociones haya que hacerla con un poquito más de tacto respetando todas las diversidades.

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