LO ÚLTIMO EN «INNOVASIÓ»: EL ALUMNO-OVEJA
Tiziano Tizona
Hay una compañera (sigo sin revelar nombres, no me gustan las dianas) que ha manifestado en redes su postura referente a los títulos de la obligatoria. Apunta a favor del título universal debido precisamente al carácter de obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16 años. Evidentemente, no coincido con ella, voy a exponer mis razones:
– La primera es que todo en esta vida necesita un incentivo. En cuestiones académicas, incluso más.
– La gente que opina así debería pasarse por un aula de 2 de ESO en estas fechas cuando ya está todo el pescado vendido.
– Ya hay suficiente “desconexión” frente a la formación científica y humanística como para añadir más vinagre a esa ensalada.
– Si marcamos como objetivo el mero hecho de “estar» durante, al menos, 10 años, ponemos escuelas e institutos al nivel de un florero.
– Si devaluamos los títulos públicos, van a tardar medio segundo en salir instituciones privadas que los expidan para aquellos que puedan pagarse la exigencia…¿de quiénes piensan que echarán mano el tan cacareado “mercado laboral”?
– Si el absentismo ya es un problema gordo a ciertas edades y condiciones socioculturales, no hace falta ser un lince para pronosticar el vaciado de aulas y el llenado de parques.
– ¿Qué pasa con los derechos de esos alumnos en los que nadie parece que piensa: los que acuden a aprender, a que se les corrija, a que se les ofrezcan oportunidades de crecimiento personal a través la formación académica?
– Si una escuela no está para enseñar, para mejorar, para superar, para evaluar, para…sobra la escuela, con un prado es suficiente.
– Un alumno es bastante más que una oveja a la que haya que guardar, alimentar y cuidar. Respeten a los chicos.
