COMPETENCIA ANTICABESTROS

Tiziano Tizona
“Competencia cívica y social”. Situación de Aprendizaje: “Baja la maldita voz, pedazo de cafre». Tienen razón los extranjeros que nos visitan, por lo menos aquellos que sobreviven a la sangría de brick y al balconing porque vienen a respirar cultura, gastronomía y arte, en que manda carajo lo que nos gusta dar voces a los mediterráneos. En este santo país el único refugio libre de ciervos bípedos en berrea estival son las bibliotecas. Ayer mismo, después de una siesta de las de baba en el cojín, uno buscó el espabile de la cafeína en una terraza a la sombra en la que suele dar el airecillo, refrescando el infierno de la media tarde en el levante medio peninsular. A unos treinta metros una horda de mozalbetes y mozuelas con un chisme de esos que amplifican el “Ya tú sabeh, menéalo pa tu papi con amolll” que suena en los móviles de adolescentes y de horteras con síndrome de Peter Pan. Vale, piensas, son jóvenes y están en pleno cortejo haciendo el ganso unos y la grulla las otras. Te bebes el café de un trago a costa de quemarte hasta la campanilla y te largas a otro lado en busca de sosiego. Planto mis posaderas en otro garito bajo un toldo a ver si hay más suerte, solo hay un muchacho de esos con pinta de Borja Mari (camisa de manga larga, pantalón chino y zapatos), no pinta mal la cosa. De pronto, saca un móvil y le empieza a dar un tostón a una tal Almudena sobre no sé qué productos que contienen no se cuántas vitaminas excepcionales contra el cansancio y que relajan cantidad. Eso a tres mesas de distancia, y yo coscándome tanto como Almudena de las maravillosas propiedades del producto en sí. Lo de los chavales tiene un pase, pero el Borja Mari me llevó al límite de querer explicarle las virtudes de meterse una taza de café por el trasero. En este mundo en que todo ciudadano busca hacerse notar por unos medios u otros, la sobriedad, la discreción, la templanza y la moderación del volumen deberían ser materias curriculares. Vaya mi maldición para aquellos que proclaman desde los despachos (nunca son animales de aula) que en las clases lo que debe haber es ruido y movimiento…cómo se nota que no se pasan el día entre treinta adolescentes.

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