EL CHARCO DE HOY

Tiziano Tizona
Le he cogido querencia a eso de ver un charco y tirarme en plancha. Cierto es que a veces te sale algún tontorrón que otro con el insulto por bandera pero es el precio que se ha de pagar por ser uno mismo y no dejarse llevar por el rebaño. Además, el juego de argumentos y contraargumentos le mantienen a uno la cabeza en forma y la neurona en movimiento. El charco de hoy va de ¿Por qué no os pone la educación tradicional? Sabemos que no es perfecta, pero una cosa es mejorarla en lo que se pueda y otra muy distinta intentar borrarla de un plumazo a base de coelhadas y emochorradas. Creo, con cierto temor a estar equivocado, que una de las causas más potentes contra la educación instructiva es que no hay manera de hacerle una foto para colgarla en el Insta. Un alumno que razone, que resuelva problemas, que respete el turno y que argumente; que escriba textos con corrección y coherencia; que estudie y que sea capaz de asimilar y conectar esos conocimientos en varias áreas, vende bastante menos que unas cartulinas llenas de colorcitos y una performance tiktokera. Claro, el orgullo que se produce en el maestro no alimenta su ego dada la dificultad de expandirlo por las redes. Se aprenden más valores trabajando convenientemente un capítulo del Quijote que haciendo treinta murales con palomitas de la paz o doscientos bailes al ritmo del “Imagine», por ejemplo. No digo que sobre esto último, pero sí afirmo que lo primero es irrenunciable. Se trata de adaptarse a las características del presente, no de dejarse asfixiar por él. Pues ese es el charco de hoy, disparen.

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