LA RESACA Y LA LOMLOE
Tiziano Tizona
Recién venido al mundo y al año, con una horda de hunos, con Atila a la cabeza, tocando una batucada en mi cerebelo, mis enfermizas neuronas (hoy más que nunca, producto del Protos y de la champaña) no dejan de ver paralelismos de todo lo malo que hay sobre la superficie planetaria con la LOMLOE (y precursoras, partiendo de la maléfica LOGSE. Son los mismos). Me explico. Una noche pensada para pasar en familia agradeciendo un año más y deseando prosperidad para el siguiente, se convierte, no sé muy bien por qué, en un brilli-brilli de fotos con pelucas y gafas horripilantes para colgar en las redes sociales y demostrar así lo felices que somos al orbe. Algo que debiera ser alegre, sí, pero cordialmente íntimo con los nuestros, parece que ha sido superado por guiones ajenos sin que haya pasado el filtro de encontrarles un objetivo valioso y perenne (al menos durante un año). Consumo y exposición: el mercado está feliz. Tal y como pasa en Educación: no se tienen claros los objetivos disueltos en un océano de palabrería sin sentido, pero sí sabemos que hay que hacer muchas fotos y cartelitos vistosos aparentando lo bien que nos trata el sistema y lo felicísimos que estamos inmersos en él. Luego vienen las resacas, las evaluaciones externas que dicen que nos hemos pasado de frenada, el ardor de estómago por sobredosis de purpurina y la vida real (Está sí, poniéndonos en nuestro indecoroso sitio).
