DOÑOS ERRE QUE ERRE

Tiziano Tizona
Causa mucho desasosiego escuchar las declaraciones de la fauna instalada en la cúspide del asunto educativo cuando se refieren a cómo van a encarar los problemas de adquisición de conocimientos que permitan a cualquier ciudadano circular con una cultura básica por estos mundos de Dios. La semana pasada fueron dos ministras las que papagayearon casi al unísono la eterna cantinela de la “digitalización” y la “innovación” como antídoto al veneno que estas mismas, entre otras, han inoculado en nuestra sistema educativo. ¿Tienen cientos de asesores pagados a millón para repetir el mismo mantra? Poco se lo curran. Si tienen empresas demoscópicas a sus servicio, ¿por qué no preguntan a los docentes y las familias? ¿Nadie de estos se ha coscado del rotundo fracaso que supuso la digitalización en tiempos pandémicos, tanto que el clamor para la vuelta a las aulas se generalizó hasta el punto de priorizar el mismo a la salud de niños y docentes? ¿Ninguno se ha molestado en comprobar los castañazos y el paso atrás de países pioneros en las metodologías que quieren instaurar aquí, además por narices? ¿Nadie se ha preocupado de analizar los sistemas de los países más exitosos y su posible proyección a nuestras peculiaridades? ¿Nadie de los peces gordos se plantea la contratación de más profesionales (cada vez hay menos porque se están cargando el atractivo de la profesión) y especialistas para trabajar, desde el rigor y el conocimiento, con los alumnos que necesitan ese apoyo extra? ¿Ninguno se ha planteado la importancia de las ratios, del respeto, de la disciplina, de acabar con las disrupciones?…
No se puede negar la importancia de las competencias digitales, pero poner todos los huevos en esa cesta (a precio de oro para alegría de los balances de cuentas amigas, por cierto) es de tener, como mínimo, el campo de visión muy limitadito.

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