LAS BENDITAS-MALDITAS EXCURSIONES DE FIN DE CURSO
Tiziano Tizona
En estas fechas tan señaladas…poco se habla del movidón de las excursiones de fin de curso, sobre todo si estas son con noches incluidas. Hablamos de hacerse responsables de decenas de polluelos cada uno de su padre y de su madre que viven una experiencia maravillosa de convivencia y actividades…o así debería suceder. Los maestricos dejan por varios días sus familias por tan noble objetivo. Todo es maravilloso sobre el papel. Sobre el papel…
Porque, para empezar, uno ha de cargar con una farmacia de medicamentos por si el niño se marea, por si le da fiebre, por si l va un poquito pachucho…pero es que quería ir…Luego están los que al cuarto de hora echan de menos a mamá barraqueando como plañideras, los que no les gusta la comida, los que le sienta mal el polvo, los ácaros, la primavera, el sol, el polen, la piel del melocotón, la vida…
Los que, como se paga X por la excursión, se niegan a recoger los platos en las comidas convirtiéndose en señoritos previo pago. Aquellos en que nada más asignado el alojamiento se dedican, bajo la excusa de la mal entendida broma, a mojar la cama de los demás o a esconder los enseres ajenos. Los que lloran por que no les ha tocado ir (o sí) con unos u otros. Los que al subir medio cerro echan los hígados y hay que devolverlos al campamento base a cuestas. Los que, en vez de disfrutar la experiencia, se pasan enfurruñados todo el tiempo con cara de cordero degollado…
Un estrés continuo que ni se agradece, es más, que te echan en cara nada más los devuelves a sus progenitores o tutores legales. Y recen los creyentes para que no haya un esguince o un descalabro que salen a la cancha las denuncias.
Luego, cuando pasan unos días, hablas con los padres que te trasladan que están “acongojados» porque es el cumple del nene y se tienen que llevar a seis o siete de sus compañeretes a merendar al burguer.
