DEBERES DE UN MAESTRO PARA CELAÁ

Tiziano Tizona
Se confirma la noticia que pronosticábamos y Celaá repite como cabeza de Educación. Si las inclemencias del trileo de los pactos no dictaminan una legislatura-pigmeo tiene la oportunidad de diseñar y aplicar una ley educativa que, de una vez por todas, dure algo más que un brasero de papeles. Al lavado de cara de la fachada (ya hace aguas por el tejado: universidades, ciencia e innovación han separado sus ministerios) hay que echarle un vistazo a los cimientos y a la estructura del edificio educativo. La reducción de la burocracia, el estatuto del docente, los indicadores de éxito, el rendimiento del bi/plurilingüismo, las metodologías, el fracaso de los planes de adaptación entre las etapas, la presencia e influencia de las empresas tecnológicas en los ámbitos educativos (ojo que se unen bajo el paraguas de Vodafone), la inclusión y los centros de educación especial, la revisión y puesta al día de contenidos, objetivos y competencias; el papel de la inspección educativa, la autonomía de los centros, el abandono escolar, la castaña que nos ha dado la OCDE vía PISA, la unificación de las «selectividades», el descuadre de los itinerarios, la situación de los interinos, la desigualdad en las pruebas de oposición, la gestión de los horarios y las horas lectivas, el tipo de evaluación a la función docente, la forma de acceder a la misma (cuidado que el MIR ha vuelto a asomar la patita por debajo de la puerta), el papel de los profesores, sindicatos, padres,empresas, administraciones en la confección y control de todo lo anterior…
Hay tajo, a ponerse las pilas se ha dicho.

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