EL «JÚRGOL», LAS ESCUELAS Y LOS CAPULLOS
Tiziano Tizona
Leo y veo con preocupación la reentré de los equipos de fútbol de nuestra liga. He de confesar que desde que se suspendió la competición no le presto demasiada atención y mi forofismo se reduce a gritar «Viva mi Beti güeno» cada vez que alguien me da una buena noticia (pocas en estos tiempos). Pero como soy persona de riesgo y estoy acongojado por la vuelta al cole (tengo los «congojos» en la garganta) más allá de las publicidades de «El corteinglés», todo lo extrapolo a lo que nos viene en septiembre con la complicidad, silencio e inacción de gobiernos y agentes educativos.
Vuelvo al hilo que me pierdo: el caso es que los muchachos zurrapelotas han regresado de sus vacaciones sembraditos de Covid: hay casos en todos los clubes y, conforme van avanzando los días, van aumentando los casos. Se trata de la élite deportiva que, por contrato, han de cuidarse y evitar situaciones de riesgo, que viven en casazas con jardín (es decir, no 6 o 7 en un pisito), que trabajan al aire libre en una cancha de 100 x 70m (no en un aula cerrada de 8x6m), que les hacen pruebas cada dos o tres días, que tienen prohibido (o muy limitado) el contacto con aficionados y medios y que, además, han trabajado los últimos meses sin nadie que les tosa en las gradas. Imagínense cuando nos entren los 500 mozalbetes y 20 docentes de sus vacaciones repartidos de 25 o 30 en 25 o 30 en cajas de zapatos con agujeros como gusanos de seda: la pueden liar parda que diría la Sole la del mechero. Todos lo vemos, hasta los de arriba, pero Roma exige sacrificios (bueno, Roma menos que los italianos han contratado 85.000 profesores extra). Quizá va siendo tiempo de que los gusanos de seda dejemos de hacer capullo… o de hacer el capullo.
