CREÍAN QUE NO QUERÍAMOS TRABAJAR

Creían que no queríamos trabajar pero ya estamos todos ahí.
Han sido dos meses de verano convulsos, con todos los compañeros docentes de una y otra punta del país protestando y planteando los problemas que la vuelta con las medidas propuestas desde arriba suponían. Nos hemos cansado de exigir seguridad hasta el último día, muchas veces con nula o escasa empatía por parte del resto de la sociedad, ¿y el resultado? Nos han erigido en el enemigo, en los desertores que huyen del frente de batalla, en los que no querían volver por puro egoísmo injustificable, unos vagos aprovechados que buscaban la sopa boba y tocarse el higo a la vez. Hemos aparecido en las noticias día sí y día también y, a fuerza de cuestionar el mensaje oficial del «todo va bien», nos han convertido en la china en el zapato de «los que saben», en la mosca cojonera que protestaba sin motivo. Pues bien, ya hemos cerrado todas esas bocas, ya estamos ahí, hemos vuelto, por si alguien lo dudaba. Y cómo hemos vuelto, madre mía: aulas masificadas o distancias inexistentes en unos casos, burbujas tan frágiles como pompas de jabón o ausencia de pcrs por otros. Hemos vuelto, sí, a una lucha continua y a destajo, con todos «a piñón», al mil por mil, como sabíamos que lo haríamos, como dudaban los que nunca creyeron en nosotros.
Ya estamos ahí, repito. Llevamos una semana con los alumnos, solo una, y ya han comenzado a aparecer casos de contagios y de aulas confinadas, como sabíamos que ocurriría…, y lo que queda, el baile no ha hecho más que empezar; ya lo avisábamos pero nos ignoraron. Casos van a seguir apareciendo, tiempo al tiempo, lo dijimos, y no porque fuéramos el enemigo sino porque no queríamos que pasara lo que ha empezado a pasar y va a seguir pasando. Pero ya no habrá excusa, ya no seremos el chivo expiatorio; que todo el mundo lo tenga claro. Lo han intentado, pero no cuela. Teníamos que volver y lo hemos hecho, bajo todo tipo de condiciones adversas, porque somos profesionales, porque somos vocacionales, porque nos importan nuestros niños.

Nos adaptamos durante el encierro, de un día para otro, y lo hemos vuelto a hacer otra vez, en condiciones excepcionales. Somos la leche, digámonoslo nosotros ya que nadie más lo hace. Nos adaptamos de inmediato entonces y también lo hemos hecho ahora, sin medios y sin directrices. La caña de España, eso somos, sí señor. Y ahora que busquen otra excusa para explicar lo que han hecho. Si la cosa se desmadra, que ni nos usen ni nos acusen. Queríamos lo mejor para todos, solo eso. Ahora que achanten ellos, que carguen con su responsabilidad; a nosotros que no nos señalen, que ni se les ocurra, ya no, pues teníamos que volver y eso hemos hecho, a pesar de los pesares.

Que no queríamos trabajar, decían.

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