ES LA ÚNICA SOLUCIÓN (DESGRACIADAMENTE)

Tiziano Tizona
Vaya por delante que pienso, puesto que los datos así lo corroboran- esos datos que muchos escamotean y cocinan- que la educación presencial es casi insustituible y que el rendimiento académico – sí, académico, no hablo de emocional o social, que confunde la verdadera esencia de lo que debe ser un centro educativo en mi opinión- es infinitamente superior a la modalidad «on line». Pero se nos están muriendo 400 al día (4 veces los atentados de Atocha) y hay que priorizar medidas y dejar las galerías para exponer cuadros, que es para lo que están. Estas cifras debieran servir para levantar la vista del propio ombligo y observar las soluciones que están adoptando nuestros vecinos, si es que los buenos resultados las avalan. Resulta que en los países en que se han cerrado los centros educativos han registrado un descenso muy notable en el índice de contagios (léase Chequia, Eslovenia, Israel…) y en los que no se ha hecho (España, Italia, Francia) la curva no se consigue doblegar por mucho confinamiento perímetral, mucha multa por cualquier causa (la mayoría justificadas, que también hay que decirlo) y mucho cierre de hostelería. A los países «cierra escuelas» se le van sumando activos – Grecia, por ejemplo- y hay que estar atentos dentro de un par de semanas a los datos que ofrecen. En todo el mundo, cierren centros o no, se contempla la posibilidad de los colegios e institutos como base de propagación… excepto en España que nos quieren convencer que los chavales se contagian fuera, al salir de las aulas. Vamos a ver, cuando la cosa estaba controlada (por ejemplo, la llamada fase 2), e incluso en verano, los alumnos seguían viéndose y juntándose en playas, piscinas, botellonas, cumpleaños, equipos deportivos, eventos familiares… etc, pero no los reuníamos «por imperativo legal y bajo amenaza de expediente por absentismo a sus familias» durante seis horas al día en un edificio cerrado a cientos de ellos, agrupados en compartimentos que llegan a alcanzar la treintena de seres humanos con la costumbre de respirar, hablar, toser, estornudar… Pues nada, que ni así lo ven… o si lo ven no ponen remedio, lo que es peor: 400 muertos al día, repito.
Vaya por delante que odio la teledocencia, pero considero que a día de hoy, es la única solución que va a tener que imponerse irremediablemente antes o después (cuando los políticos no tengan más remedio que tragarse sus declaraciones y su orgullo) . También considero que cuanto antes se aplique, antes se frenarán las espeluznantes estadísticas y, por mucho que me fastidie, es un sacrificio que hemos de echarnos a los lomos, todo sea por salvar vidas.

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