¡UN PREMIO A ESA PEÑAAAAA!

Tiziano Tizona
Me llama la atención mucho que todos y cada uno de los premios otorgados a los docentes sigan el mismo patrón en una profesión que dice perseguir el respeto y la dignidad de la diversidad. Magos, gente que imparte las clases con tiktoks ataviados como payasos o bailando en pijama, malabaristas y faranduleros variados. No es que niegue la voluntad ni la praxis de estos, los dioses me libren, puesto que aquí cada uno se las apaña como buenamente puede o sabe. Tampoco es, en realidad, que me importen más de un pimiento esos saraos, máxime viendo quiénes y cómo conceden esos reconocimientos. Pero no miento si confieso que me agradaría ver, en alguna ocasión, a la maestra que enseña a leer a niños de los barrios marginales, al que, dando literatura, consigue enganchar a los adolescentes en el sagrado placer de la lectura, a la matemática que enciende la chispa en las molleras y consigue pleno en las pruebas de la EVAU, al de Educación Física que pone en forma e inculca hábitos saludables a los jovenzuelos, a la vieja profe de latín que se empeña en mantener viva una lengua a la que llaman erróneamente muerta, al músico que hace disfrutar a su gente con Mozart, Beethoven o Pink Floyd, a la seño que consigue que sus alumnos hablen y escriban con corrección y sin faltas…
Tantos y tantos y más tantos que se dejan el pecho y la garganta en las aulas veintitantas horas a la semana, pero que igual resulta que son feos y no salen bien en cámara. Hay vida docente más allá del selfie, de los fuegos de artificio y de la rentabilidad económica… aunque no mole.

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