SOMOS LOS MÁS TONTOS DEL GLOBO
Tiziano Tizona
Anda por las redes una imagen (tiene varias versiones) que reza: “ De qué sirve que un niño sepa colocar Neptuno en el Universo si no sabe dónde poner su tristeza y su rabia». Vamos a ver, seamos un poco serios, sencillamente porque no tiene absolutamente nada que ver una cosa con la otra. Es más, probablemente el niño que sabe cosas tiene más probabilidad de analizar causas y efectos incluidos los emocionales. Esta imagen, muy compartida por lo maestros, esconde una trampa: da por hecho la incompatibilidad entre sabiduría y felicidad. Lo cual es absolutamente falso. En la batalla por vaciar las escuelas de saberes para llenarlas de sentires, todo vale. Lo que nadie cuenta es que los centros están repletos de docentes cuya, en principio, principal virtud es trabajar con los alumnos esos saberes y que ellos los adquieran de la manera más eficiente posible. Si esto ya no es importante, llenen ustedes los colegios de psicólogos, coaches y terapeutas que lo harán posiblemente mejor que nosotros. Serán (habría que verlo) muy felices pero les faltará carrete para explicarlo, plasmarlo en letras o trasladarlo a sus congéneres. Consiguiendo así la felicidad de la vaca viendo pasar el tren desde su verde prado, cosa que no está mal, pero se supone que el ser humano debe de aspirar a un poco más de profundidad que la que se observa en una lata de anchoas. Con esto no intento restar méritos a psicólogos y terapeutas, ojo, sino que defiendo que cada uno tiene su campo y es en el que tiene que hincarla en nombre de eficacia. De hecho, no entiendo cómo no nos han denunciado todavía por intrusismo profesional. Imagínense que desde el Ministerio de Educación les reclaman a esta gente llenar sus consultas con treinta mozalbetes seis horas al día y enseñarles los ríos de España, el Pretérito Perfecto Simple, la Atenas de Pericles y los gases nobles . Supongo que se echarían, y con razón, las manos a la cabeza. Pero en el mundo docente somos así de raritos: nosotros aplaudimos mientras nos hacen la cama y vacían de sentido y contenido nuestra labor. Así vamos a conseguir alumnos con sentido crítico por mis santos…digamos que talones.
