¡QUE ME DEJÉIS VIVIR, LECHE!

Tiziano Tizona
¡Anda que si me da por hacer un poco el cabestro, a lo que soy muy aficionado, y reclamo mi derecho a no tener móvil, WhatsApp, ordenador o tablet en mi vida de profesaurio contemplativo! Tengo ya los güitos del tamaño de un megalodón a causa de que el hecho de tener un móvil se tome erróneamente por estar conectado y disponible 24/7. Y es que, en horario de clase uno es tan torpecito que no puede estar hablando de Osiris y mirando el wasap del cole porque resulta que la de Música ha perdido la armónica, es el cumpleaños del de Latín, o el Jefe de Estudios te ordena una sustitución y te manda la faena por mail (anda un poco, pelotudo, que estamos en el mismo edificio). Eso en horas laborales. La cosa pinta peor cuando estás en lo que se supone que es tu tiempo libre de cargas y de sueldo: el papá que te escribe un correo que te salta a las 23:00 porque “él trabaja de tardes”, claro, y “yo acabo mi jornada cuando a usted le rote, porque uno tiene vocación a paladas, y además, como habrá usted advertido, es un poco gilipollas»; o un alumno te envía por Classroom, en un lenguaje lleno de emojis y palabras recortadas que necesitas diez reencarnaciones de Champollion para interpretarlo, un mensaje para que le aclares las dudas respecto al examen de mañana, las mismas que has aclarado ese mismo día después del recreo y que todo el mundo tenía claras. Los profes tampoco nos libramos: “Fulanito, de tercero de EP, ha sufrido una luxación de hombro mientras jugaba al Fornite on line con su primo, por lo cual no asistirá a clase hoy, según correo de la madre». Eso a las 7 de la mañana. Que ya está bien…automáticamente los profes que conocen a fulanito saltan “Pobret”, “Que se recupere pronto», “Todo le pasa a él “, “ Con lo bien que iba este trimestre”…Todo ello antes de que uno se haya quitado las legañas y haya estirado el edredón.
El caso es que si bloqueas el móvil y lo silencias con amenaza de estrellarlo y bailar un zapateado a lo Farruquito sobre las tripas de sus chips, encima te llaman “mal profesor, egoísta y poco empático». Qué tiempos aquellos del Nokia, ese maravilloso ladrillo que solo era teléfono de llamar, recibir y excelente arma de autodefensa. No como los mindundis de los “teléfonos inteligentes punto G” que se rompen con mirarlos y además no paran de dar por saco”.

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