LOS ENDOFULLEROS

Tiziano Tizona
“Hacerse trampas al solitario”. Este dicho sintetiza perfectamente lo que está ocurriendo en algunos ámbitos educativos. Se trata de apoyarse en “estudios” sacados de los mismos interesados en venderte la burra. Donde no mandan los datos (que además pasan varias veces por cocina) sino la confirmación de una premisa, normalmente asociada a un beneficio pecuniario o de promoción personal o profesional. Se quieren incluir ciertos aparatos en la actividades docentes: la empresa que te los vende proclama su indiscutible aporte a la mejora del alumnado. Los de arriba ni se molestan en contrastar y exhiben los maravillosos argumentos del vendedor como irrefutables. ¿Que tal método es el que me cuadra?: aportan datos de la Universidad de sus Santísimos Pelendengues o alguna foto de un mural (normalmente realizado por un docente, no por los niños), y si eso no resulta porque el método va pintando bodrio, eres tú el que no ha sabido aplicarlo por falta de formación o de preparación. El rigor brilla por su ausencia por las veredas de las metodologías y de los recursos de aula. Se tiende más al marketing y al negocio que a la formación… y nuestros chicos lo están notando. Si todo eso de los datos aliñados no resulta, te salen con la sociedad del siglo XXI (o XXII, vaya usted a saber) como si alguien tuviera la más mínima idea de la situación laboral y social de dentro de unos lustros, teniendo dificultades para averiguar el tiempo de mañana y no habiendo ni olido la sucesión de crisis que hemos sufrido, por ejemplo. El único baremo sobre la validez de un método o de unos recursos es una prueba externa (guste o no) con unos ítems fáciles de medir y un análisis de los resultados. Pero eso no conviene, porque se nos verían las costuras postureras a las primeras de cambio. Las sociedades ya van dándose cuenta de las estafas: en muchos países se restringen (o incluso se prohíben) los aparatos electrónicos en las aulas para volver al libro de texto y la libreta; en los EEUU los institutos que imparten “educación clásica” tienen listas de espera según informan gentes del gremio de allá; la comprensión lectora está bajo mínimos; no acabamos de solucionar el tema del abandono temprano del sistema ni con gamificaciones ni con flippedleches. Pero, a pesar de todo ello, seguimos haciendo caso a los vendehumos sin siquiera analizar la calidad del humo que nos venden.

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