¿ Y SI FUERA MUCHO MÁS SENCILLO?

Tiziano Tizona
Si hay algo que me ha enseñado, confirmado, el tiempo de clases en pandemia es la efectividad, indiscutible en mi caso, de trabajar con pocos alumnos en clase. Cierto es que tengo 30 en mi aula, pero por circunstancias organizativas del centro un par de veces por semana se me quedan en 15. Amigo, se avanza, se puede atender a todos, se escucha, se debate… a un nivel superlativo. Llevamos mareando la perdiz de cómo mejorar el rendimiento de nuestros chavales y sacar rédito cultural a las horas y horas que pasan en las aulas. Incluso estamos dejando la iniciativa a chamanes vendehumos que rara vez han pisado un aula y que en ningún caso la pisan actualmente o, lo que es peor , metiendo a los efebos en las fauces de los tiburones de los grandes holdings de empresas tecnológicas. Igual es tan fácil como que para que ruede el carro, hay que dejarse de ofrendas sentimentaloides de humo, de rogativas con indulgencias plenarias, de inversiones en GPS que marquen las coordenadas neuronales de un champiñón…y ponerle unas ruedas redondas. Ya no creo en ninguna reforma educativa que no lleve por bandera una bajada de ratios en el preámbulo y en la frente de cada ministro para que le sirva de recordatorio cuando se lave el cemento facial cada mañana.

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